• 28 julio 2009

REPORTAJE: Manuel Valbuena, exlíder sindical y campeón de culturismo senior

REPORTAJE: Manuel Valbuena, exlíder sindical y campeón de culturismo senior

REPORTAJE: Manuel Valbuena, exlíder sindical y campeón de culturismo senior 456 620 xisco

Una historia de músculo obrero
Un antiguo sindicalista combativo triunfa en el culturismo con 66 años

Manuel Valbuena tiene 66 años y hace 120 abdominal es sin parar colgado de la pared boca abajo; eleva del suelo una barra de pesas de 235 kilos; levanta 100 kilos de acero 24 veces seguidas tumbado en un banco… Pero su mayor exhibición la realizó en 1976, cuando fue uno de los líderes sindicale s que pusieron a decenas de miles de obreros madrileños en huelga contra el régimen franquist a. Valbuena cuenta su historia en el gimnasio del polidepor tivo de Casarrubu elos, un pequeño pueblo cerca de Parla. Va embutido en un traje de asas de una pieza, cortado por los muslos, y bufa cada poco como un bisonte en reposo.«Entreno durante meses hasta dejar la piel fina como una película»

Valbuena llevó a la huelga a 21.000 trabajado res de Standard Eléctrica

Nacido en Vallecas en 1943, Valbuena ha vivido dos vidas en una. En su etapa sindical coordinó con otros 13 líderes obreros uno de los mayores actos de insumisión del pueblo español durante el régimen franquist a: la huelga del invierno de 1976. De culturist a ha viajado por el mundo ganando títulos que lo sitúan como uno de los mayores forzudos senior de la actualida d. Una doble vida que llevará al celuloide Diego Hurtado de Mendoza, joven documenta lista madrileño.

Manuel no se concede un segundo de nostalgia por su pasado sindical. «Este deporte me absorbe por completo; cuando empiezo a prepararm e no pienso ni en mi familia», sentencia mientras hojea un álbum con sus mejores fotos músculo al aire. Acaricia una en la que está en clásica posición de culturist a, marcando bola de costado y doblando el pie izquierdo como si tuviera un tacón de 10 centímetros de aguja. La imagen es de noviembre de 2008, en la ciudad checa de Pilsen, donde ganó el último campeonat o del mundo de mayores de 60 años. Otra medalla que colgar en su pecho de búfalo.

Su carrera deportiva arrancó en 1990. Las purgas de poder emponzoñaban las organizac iones en las que se había dejado la piel -el sindicato Comisione s Obreras y el Partido Comunista de España- y Valbuena, desilusio nado, se quitó del medio. Con 49 años aceptó un plan de jubilación de su empresa, la fábrica telefónica Standard Electric, donde había trabajado desde los 18 años de matricero (creador de moldes para piezas en serie), y quedó sumido en un duro letargo. «Comía, bebía y fumaba a discreción. Mi médico me dio un ultimátum. Reaccioné y me apunté al gimnasio. En tres años ya estaba compitien do», resume el hercúleo Manuel.

Veinte años más tarde, él es el monitor del gimnasio (cuyas paredes están parcheada s con fotografías de sus triunfos deportivo s) y todo su mundo gira entorno a máquinas, músculos y un arsenal de botes de píldoras y polvos para crecer más y más fuerte. Nada que ver con los tiempos del puño en alto, de las noches de reuniones clandesti nas y de las asambleas parisiens es bajo el nombre falso de José: «Me lo puse por José Stalin, que para mí era un Dios», reconoce Valbuena con cierto bochorno.

Ahora prepara el próximo campeonat o del mundo, a mediados de noviembre en Polonia. Ya está en marcha la dieta para afilar cuádriceps, tríceps, bíceps y gemelos. Un tótum revolútum diario de claras de huevo, batidos de proteínas y cantidade s minuciosa mente calibrada s de pollo y arroz desaborid os, todo aliñado con horas de acero. «Así durante cuatro meses hasta dejar la piel como una película que transpare nta los músculos», concreta Valbuena, que este año ha abierto otro frente deportivo, el body-fitness de pareja. La prueba, en la tele del gimnasio: un vídeo en el que el culturist a acompaña los pasos de la bailarina Aroa Cano al son del Lago de los cisnes de Chaikovsk i.

Esta energía es la misma que ponía cuando lideraba a los obreros de Standard Eléctrica. Como topo del Partido Comunista en el sindicato vertical de la empresa -el órgano con que el régimen controlab a a los obreros desde dentro-, arrastró en 1976 a la huelga a 21.000 de sus compañeros de trabajo y coordinó con otros 13 sindicali stas una huelga general que paró Madrid durante días, impulsó la libertad sindical y propició la unión de la oposición democrática al franquism o.

Una conquista que Valbuena ve diluirse con amargura. Retoma el susurro clandesti no de los setenta y desliza una frase de su padre, sindicali sta en la República, para dar razón del apocamien to actual del movimient o sindical: «Hijo mío, los obreros tenemos que mantener a los sindicato s; si no, otros los mantendrán por nosotros. ..».

Fuente: El País

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